Como conquistar tu montaña personal -Karla Wheelock-

exito_montanaComo conquistar tu montaña personal

 

Autor: Karla Wheelock

www.karlawheelock.com

Historieta

"Cuenta una historia el caso de cuatro personajes que se llamaban: todo el mundo, alguien, cualquiera y nadie.
 
Cierta vez había que hacer una tarea importante. Todo el mundo estaba seguro de que alguien lo haría.
 
Alguien se enfadó porque era tarea de todo el mundo. Todo el mundo pensó que cualquiera podía hacerlo y que alguien lo haría. Pero nadie se dio cuenta de que todo el mundo creyó que alguien lo haría.

 
A fin de cuentas, todo el mundo culpó a alguien porque nadie hizo lo que cualquiera hubiera podido hacer".

Ponos

Para quien lo arriesga todo y para quien acepta el reto, viene la satisfacción de victoria y de bienestar físico y mental. La recompensa: incomodidad, sufrimiento y cansancio.
 
En la filosofía griega, Ponos representa el sacrificio de lo material para obtener el significado de la vida.
 
La experiencia de montaña es, en sí misma, una gran aventura, ya que no hay aventura sin riesgo. Pero, además, se requiere de contexto para entender las razones; ese preámbulo que dota las causas que desembocan en estados de ánimo, debilidades, fortalezas y emociones.
 
La montaña es una meta que toma cuerpo, un objetivo que seduce con su belleza, con el desafío de sobrevivir implícito desde el inicio, en cada maniobra, esfuerzo que no concluye cuando se conquista la cumbre, sino al estar de regreso.
 
Subo montañas porque representan un reto, porque hacerlo se requiere un objetivo claro, sin olvidar en donde estás parado y concentrado en cada paso para seguir avanzando.
 
El montañismo no es un deporte extremo, es más que eso, es un estilo de vida. No son unos minutos cargados de adrenalina, no es el mundo pasando vertiginosamente ante la mirada, son bellísimos atardeceres, cielos estrellados, blanco inmaculado sobre fondo azul intenso. Es una empresa personal en la que está tu vida de por medio, pero también el crecimiento como ser humano.
 
La aventura de montaña se inicia gracias a la preparación y planeación estrategia, conocimiento del entorno y de nuestro cuerpo, con todos los riesgos inherentes a una gran empresa.
 
El alpinista no es un suicida potencial que elige la arista, pendiente o grieta para terminar sus días, al contrario, intenta controlarse en una situación de alto riesgo, superando los obstáculos en el camino con preparación y conocimiento para poder alcanzar su objetivo: saber si es capaz de subir y bajar una difícil cumbre, con sus propios medios.
 

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Meta:

Lo que garantiza el fracaso es la ausencia de una meta.
 
Mis metas no fueron siempre montañas, por lo mismo entiendo que existan otro tipo de  objetivos. Empezaron siendo simples, pequeñas. Crecieron cada vez más altas, más difíciles.
 
La meta es un medio para adquirir confianza en sí mismo. Si puedo dar este paso, daré el siguiente, y si los sumo, llegaré a donde me lo proponga. El ser humano es integral; en el deporte, mis metas se llaman montañas, en lo profesional se llaman conferencias y en lo personal se llaman matrimonio, familia.
 
Es más fácil avanzar con un objetivo claro, con una meta visible, caminando solo hacia una misma dirección, reuniendo sueños, energías, y acciones hacia un mismo fin. Y al momento de alcanzar una meta, aparece la siguiente.
 
Somos nosotros los que elegimos nuestras metas, y determinamos su grado de dificultad. Cuando tienes una meta debes estar convencido en lo más profundo de ti que vas a lograrlo. Si no es así, las fuerzas se agotan y se acaba la energía; además, tienes que desearlo, porque cuando uno está en contra, sólo el deseo te lleva al límite de tu capacidad.

"Las grandes hazañas requieren de un motor, de un fuerza interna que sólo tú eres capaz de descubrir, si no, simplemente, es un accidente", proverbio anónimo.

El que se propone cosas grandes logra cosas grandes. Si nos proponemos metas "alcanzables" descartamos las "imposibles". No hay tales imposibles. Vale la pena intentar, una y otra vez, las necesarias, hasta conseguirlo.
 
Lo difícil es poner la menta en la mente, de ahí bajarla al corazón; una vez que esto se hace, el resto del cuerpo lo sigue. Es importante el planteamiento de un objetivo, pero si éste se queda en la cabeza, se enfría. Hay que desearlo intensamente para implementarlo, es decir, "deseo hacerlo, sí puedo hacerlo, lo estoy haciendo".
 
Cualquier meta es humanamente alcanzable, sólo se tiene que estar dispuesto a pagar el precio de disciplina y compromiso que requiera.
 

Proceso

ESTRATEGIA
 
Consiste en decidir por anticipado. En la montaña esto es un elemento clave, porque conforme subes, la falta de oxígeno no sólo provoca dificultad para respirar, sino que la menor irrigación de sangre en el cerebro conlleva a una falta de lucidez que, aunado al cansancio, a la mala alimentación y a las pocas horas de sueño, inducen a una toma de decisiones imprudentes. La estrategia, entonces, es el único camino para dar los siguientes pasos, con sus tiempos y variantes.
 
Planear es pensar en todos lo detalles, saber administrar lo que se tiene, porque en la montaña sólo cuentas con lo que llevas. Tener muy claro, y saber diferenciar, entre lo esencial y lo accesorio; cada kilo pesa, y todo lo llevas a cuestas. Entre más pesada esté tu mochila, más lento será tu avance.

DISCIPLINA:
 
Antes creía que la disciplina significaba "dejar de hacer, de hablar, de moverme, de jugar, de distraerme". Portarse bien, en pocas palabras. En la montaña, por el contrario, la disciplina significa hacer cosas: levantarse, trabajar, esforzarse y sufrir un poquito.
 
La falta de disciplina, en la montaña, es cuestión de vida o muerte. Errores intranscendentes te dañan de manera irreparable.
 
El orden y la organización efectiva en los momentos críticos de trabajo, aun en circunstancias altamente incómodas, e inclusive dolorosas, son las herramientas indispensables para sobrevivir; en resumen disciplina.
 
La sensibilidad está tan a flor de piel con la altura (en todos sentidos), que las fallas duelen más de la cuenta. La disciplina se requiere para vencer nostalgias, malestares físicos, emocionales. El peso de la mochila, realizar el trabajo con poco oxígeno, las rutinas diarias bajo temperaturas terribles, y todo por la consecución de una meta.
 
RIESGOS
 
En la montaña son muchos: altitud, temperaturas extremas, avalanchas, grietas, entre otros. El conocimiento precede la victoria; o sea, sin la información de los riesgos se está indefenso porque desconoces sus alcances, no hay manera de prevenirlos, porque ni siquiera se detectan. Hay que saber cómo funcionan. Están ahí y hay que hacerles frente. El que nada sabe, nada teme.
 
La vida supone riesgos, y conforme más intensa quieras vivirla, mayores serán éstos. El montañista no es un masoquista, también disfruta de la comodidad, la seguridad, pero no basta para sentirse completamente vivo.
 
Los riesgos existen no para morir con ellos. Sí hay dolor, pero no se sufre sólo por sufrirlo, sino como paso intermedio para alcanzar algo más alto. El riesgo no es un fin, el alpinista lo asume porque éste se encuentra en el camino de su cumbre, y le prepara para  vencerlo.
 
MOTIVACION

 
La cumbre trae implícita la motivación; arriba está en la cima, llegar a ella es el motor, el combustible, uno es el vehículo. A mí me motiva el atravesar las nubes por mi propio pie, me motiva a acercarme cada vez más a la cumbre, me motiva a compartir las experiencias vividas y me motiva vivir intensamente a mi manera.
 
La estancia en la montaña es larga antes de  llegar a la meta. Ese período desgasta la motivación inicial. Los pequeños detalles, la música, la sonrisa, una palmada en la espalda, el atardecer, las estrellas, un "estamos contigo", pueden convertirse en la fuente renovadora de motivación. La cumbre, como motivo único, a veces no es suficiente, y son estos detalles los que provocan seguir adelante.
 
Los simples asuntos de la rutina diaria se convierten en motivación para regresar. Un vaso de agua servido de una jarra, una naranja partida a la mitad, un baño de agua caliente en la regadera, y horas de sueño en la cama de siempre, serán las más valiosas preseas por la experiencia registrada, nos enseña a apreciar cada vez más lo que damos por hecho.
 
COMPETIVIDAD
 
En la montaña, la única persona a la que puedes vencer, superar, es a ti mismo. Los demás manejan sus propios retos, el tuyo es el que vale para ti. No existe margen de comparación ni de competencia. No hay más record de romper el propio. Eres tú y la montaña.

Cuando se tiene el control absoluto sobre uno mismo, la competencia con el mundo externo, o con un oponente real, es fácil.
 
SOLEDAD
 
La soledad me permite escuchar aspectos de los cuales no me percataría en el bullicio de la ciudad ( en especial, una como en el D.F.). Valoro más así todo lo que no tengo allá. Una expedición te aísla, al regreso me siento feliz de volver a las bases gregarias del ser humano. Por  eso imparto conferencias: para convivir y aprender y, si puedo aporto algo, qué mejor.
 
Sé lo que es estar sola, rodeada de gente, marginada por diferencias esenciales dentro de un círculo social, de un sistema de vida convencional. En la montaña, la soledad es real, la introspección se hace presente, uno es el mejor interlocutor.
 
FRACASO
 
El fracaso sabe a la humanidad, recuerda nuestra enorme capacidad para errar, casi natural. Existe un rechazo al fracaso porque son marcas negativas dentro del status quo, son las señales que te alejan del éxito, socialmente conceptualizado. No quieres habitar ese escenario oscuro, te quieres ver en el lado brillante del triunfo.
 
La reacción primaria es negar el fracaso; la culpa, por lo general, es de otros. Uno llega ahí por mera casualidad, por accidente. LO IMPORTANTE ES RESOLVER Y NO INCULPAR.
 
El fracaso duele, sabe amargo y merma la confianza. Sin embargo si se capitaliza es fuente inagotable de aprendizaje, experiencia y crecimiento. Al examinar minuciosamente todos los pasos que llevaron al resultado, en el análisis final, aprende uno más del "fracaso" que del éxito, lo que es, en sí, un éxito menor.
 
Los defectos, aquellos que conducen al fracaso, son áreas de oportunidad. Se vale equivocarnos, pero hay que aprender de los errores no hay que repetir los errores, hay que aceptar tranquilamente que es de humanos errar, y que siempre habrá errores sin estrenar. Es importante saber perdonar nuestros fracasos, así sabremos comprender y perdonar los de los otros.
 
Las personas de éxito no son las que nunca fracasaron, sino las que aprendieron de sus errores y volvieron a intentar, una vez y otra vez.
 
HONESTIDAD
 
Es uno de los valores más importantes que se desarrollan. El no ser honesto con el compañero, al no reconocer cansancios, miedos y problemas en general, pone en riesgo la vida de ambos. La honestidad no controla nuestro ego y se convierte en un valor obligado, y permite ser 100% objetivos con nosotros mismos, algo imprescindible para no defraudarnos y a la gente que nos apoya y que confía en nosotros… porque la confianza se gana a través de honestidad.
 
CUERPO
 
Es el vehículo que te lleva a la cumbre, a la meta; hay que cuidarlo, nutrirlo, tenerlo a punto constantemente; la montaña se encarga de desgastarlo, de ponerlo a prueba, de llevarlo al límite.
 
MENTE
 
Es el control de mando y requiere de información detallada para la preparación necesaria; un proverbio chino dice "El conocimiento precede a la victoria". Nos dará fortaleza interna porque la mente es conciencia.
 
Es importante tener un inventario fiel del cuerpo, la altitud cambia las circunstancias y merma la salud. Esto afecta a la mente y al cuerpo por igual. Hay que aprender en silencio a escucharnos internamente para incrementar nuestro rendimiento.
 
El montañista recorre su umbral de dolor y el peligro es no identificar a tiempo la gravedad de una lesión. Es importante conocer el tope, el límite, y el campo de habilidad del cuerpo y la mente. El síntoma principal de la fiebre de cumbre es la obsesión por llegar a la cima a costa de lo que sea.
 
SUPERVIVENCIA
  

"Sobrevivir es el arte de las grandes aventuras, el más grande no es quien juega a arriesgar la vida para a continuación perderla, sino el explorador de los límites que sobrevive una y otra vez ", Reinhold Messner.

A diferencia de otros deportes, la meta en la montaña, aunque de entrada pareciera que es la cumbre, es el regreso. Justo al llegar a la cima, nos damos cuenta de que sólo estamos a la mitad.
 
La mayoría de las personas dan todo en el camino ascendente: la motivación es clara, la meta visible. Es el regreso el que se torna más accidentado, hay mayor cansancio, físico y mental. Si lograste la cumbre, el ego te puede traicionar y le restas importancia a donde colocas los pies. Si no la lograste, el fracaso puede hacernos sucumbir.
 
La posibilidad de la muerte y las amputaciones hacen a los montañistas tolerantes ante la desgracia. Pensamos a veces que regresar vivo es sobrevivir. Hay que pensar que sobrevivir abarca cada pedazo de nuestro cuerpo; llegar exactamente con lo que salimos.
 
LIDER
 
Es aquel que tiene la capacidad de ver más allá que los demás del grupo, posee la claridad mental para trazar las rutas de acceso viables y seguras para el logro del objetivo. Comunica y convoca para que el equipo marche al mismo ritmo, y tras la misma meta, en tiempos comunes. Un verdadero líder delega y escucha.
 
Es quien sabe identificar las cualidades de cada miembro del equipo, y complementar entre ellos las fortalezas y las carencias para que se maximicen las oportunidades de grupo.
 
Líder no es el que tiene el cargo, es el que busca el bienestar de su gente, con su gente y por su gente; no es el que mercantiliza sus "conocimientos", es el que comparte sus ideales.
 
DECISIÓN
 
En la montaña la decisión abarca un espectro inmenso: dar el siguiente paso, seguir adelante, fijar bien la cuerda, regresar, vivir. En todo caso, la decisión tiene que ser acertada y tan rápida como un reflejo. Se hace lo que tiene que hacer conforme a una planeación previa, basa en una toma de decisiones que reflejan los años experiencia de éxito.
 
En la montaña, como en la vida, existe la tentación de dejar que alguien decida por ti. En una expedición puedes hacerlo firmando un cheque y poniéndote en manos de un  "líder". El decidirá tu suerte, tus oportunidades de cumbre, tus riesgos y calificará tu capacidad. O hacerlo por tu cuenta, con toda la dificultad que esto implica. Pero eso sí, el éxito será tuyo, al igual que el aprendizaje en caso de no lograr la cumbre. En ambas circunstancias no quedas exento de tomar una decisión. Finalmente, tu decides no decidir.
 
MIEDO
 
Si no existe el temor, no se miden los peligros. Aprendí que el miedo no está para demostrar mi valentía o capacidad, existe como una alerta que exige prudencia, objetividad. Subraya que por fuerte que sea una persona, no puede entablar una lucha frontal con la naturaleza.
 
Hay dos tipos de miedo: el que infunde respeto y el que paraliza. El miedo se debe usar a favor, se tiene que convertir en aliado, no en enemigo. El miedo nos hace humildes.
 
El miedo al fracaso es el más dañino de los temores porque dejamos de proponernos metas con tal de no sufrir rechazos por falta de comprensión de unos, y, la desilusión al ridículo, al no alcanzarlas por otros. Al final, todo se reduce al terrible "hubiera".

ÉXITO

El éxito comúnmente se asocia con bienes materiales, lo que tiende a deshumanizarnos. Pero en realidad nacemos desnudos y moriremos desnudos.

"El más rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita", Facundo Cabral.

Yo aprendí que el éxito está en simplificar: hacer lo que más disfrutamos porque somos eficientes en ello, lo que nos motiva a superarnos constantemente, a seguir "alcanzando nuestras cumbres". Disfrutar el trabajo, hacerlo con satisfacción y encontrar el destino individual, es uno de los caminos al éxito. En la montaña, sobrevivir de ida y vuelta es un éxito. La cumbre es un bono.

"La montaña es un medio, el hombre es el fin. La meta es fortalecer el carácter y no pisar la cumbre, porque una montaña jamás se conquista, tan sólo se sobrevive", Ivan Loredo Vidal.

Cada vez que regreso de una difícil expedición, aprecio más lo auténtico de mi vida: el poder tomar una taza de té caliente exactamente como me gusta y sin preocuparme de derramarlo sobre el suelo de la tienda, el no sentir un frío terrible cada vez que voy a dormir, o el dolor de utilizar mis pesadas e incómodas botas triples durante una jornada fuerte de trabajo, es la verdadera recompensa.
 
Creemos que nuestras comodidades nos la merecemos y las damos por hecho. Pero, ¿realmente nos las hemos ganado a pulso nosotros mismos? Imaginémonos en la Edad Media: sin luz, sin agua potable, sin medicinas, sin teléfono … etcétera? ¿podría el hombre "consentido" de hoy sobrevivir? ¿estaría a gusto?
 
Una cumbre en sí (aun la del Everest) no engrandece por sí sola. La persona que hace cumbre tiene ciertos valores consigo antes de subir. La experiencia de montaña no va a dárselos. Cuando descendemos de una cumbre no traemos oro ni más inteligencia.
 
Escalar es como la vida. Primero adquirimos experiencia. De la experiencia adquirimos conocimiento. De la experiencia y el conocimiento adquirimos sabiduría. Y de la experiencia y conocimiento y sabiduría adquirimos con un poco de suerte, madurez. Y con madurez vemos las cosas totalmente desde otro punto de vista. Nos volvemos menos impulsivos y tomamos decisiones diferentes y podemos aceptar las deficiencias de los años anteriores que nos han enriquecido. Me imagino que al escuchar esta conferencia acerca de "mi Everest", ustedes pensaban en el suyo propio. Espero que sean apasionados siempre, y que se mantengan constantemente en la lucha de alcanzar sus propias cumbres.

Entrevista a Karla Wheelock:

Visto primero en: ccpg.org.mx 

Image: Michal Marcol / FreeDigitalPhotos.net

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