La sencillez en la vida, no se puede fingir.

sencillez_personas

Adaptación: Areli Belmont

Visto primero en: IMCP-GDL

Lenguaje oculto de la vida

No es un disfraz, es lo contrario, hacer que no haya diferencia entre dentro y fuera

. La verdadera sencillez sólo puede originarse interiormente, y de ahí proviene la expresión externa.

Lo que uno es en su interior fluye al exterior. Interiormente somos prisioneros, aunque en lo externo parezcamos muy sencillos. Podemos ser esclavos de deseos, apetitos, dinero, etc.

Es la virtud por la cual empezamos a comprender el lenguaje oculto de la vida y nos damos cuenta de que cuanto más complejo es el ego más sofisticadas son las creencias, y cuanto más fuerte es la demanda de experiencias y deseos, más apartada se encuentra la realidad.

No es una persona sencilla la que piensa en recompensas y en temores, la que está cargada de conocimientos y de creencias, la que se identifica y se entretiene con la música, los ritos, Dios o las mujeres. Tampoco es sencillez la búsqueda de lo esencial y el rechazo de lo que no lo es. Esto significaría un proceso de opción de la mente, y toda opción de la mente se basa en el deseo, y así lo que llamamos esencial es lo que nos brinda satisfacción y placer. La mente por sí sola produce confusión y su elección también lo es. La opción entre lo esencial y lo no esencial no es sencillez, sino un conflicto, y la mente confusa que se encuentra en conflicto nunca puede ser sencilla.

La sencillez combina dulzura y sabiduría. Es claridad en la mente e intelecto, ya que surge del alma. Las personas sencillas están libres de pensamientos extenuantes, complicados y extraños; su intelecto es agudo y despierto. La sencillez invoca a la intuición, a la prudencia y a la empatía para crear pensamientos espirituales.

Es sorprendente el deseo de presumir ante los demás, de ser alguien. La envidia es odio y la vanidad corrompe. Parece difícil y arduo ser sencillo, ser lo que somos y no presumir, ser lo que somos sin tratar de llegar a ser esto o aquello. Siempre podemos aparentar, ponernos una máscara, pero ser “lo que se es” constituye una cuestión muy compleja, porque siempre estamos cambiando, nunca somos los mismos y cada instante nos revela una nueva faceta, una nueva profundidad. No es posible ser en un instante otra cosa que uno mismo, porque cada instante conlleva su propio cambio. De modo que si somos al menos un poco inteligentes renunciaremos a ser esto o aquello.

Sin sencillez no podemos ser sensibles al mensaje interno de las cosas. La mayoría de nosotros vive muy superficialmente, en la mente. Allí tratamos de ser reflexivos e inteligentes, de que nuestra mente sea sencilla, mediante la disciplina. Pero eso no es sencillez. Cuando forzamos la mente superficial a ser sencilla, la imposición no la torna ágil, flexible, rápida, sino que sólo consigue endurecerla. Ser sencillos en todo el proceso de nuestra consciencia es extremadamente arduo. Porque no debe existir ninguna reserva interior, sino que es preciso que estar plenamente presentes para averiguar, para descubrir nuestro comportamiento. Y eso significa estar alerta a toda insinuación, a toda sugerencia, darnos cuenta de nuestros temores, nuestras esperanzas, investigar y liberarnos de todo eso constantemente. Sólo entonces, cuando vivimos espiritualmente, somos realmente sencillos y resolvemos los múltiples problemas que se nos plantean.

La sencillez reduce la diferencia entre “lo que tengo” y “lo que me falta”, y eso significa prosperidad para todos los seres humanos, independientemente de donde se encuentren. Cuando de verdad observemos y veamos todas las cosas falsas y los ardides de la mente, cuando observemos eso y lo percibamos muy claramente, entonces sabremos qué es sencillez.La sencillez es la acción que no resulta de una idea, es creatividad, y mientras no haya sencillez somos como polos de atracción para el daño, el sufrimiento y la destrucción.

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