Viernes casual: ¡EXTRA, EXTRA!

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¡EXTRA, EXTRA!

Por: Lic. Andreea Balcázar

El pasado viernes (inserte aquí la fecha que desee) dentro de la asamblea de ejidatarios, se suscitó un inesperado acontecimiento para quienes dirigen ese sindicato.

Eran las doce del medio día, cuando el alboroto comenzó. En los estrados, dos Ingenieros discutían sobre la situación de los ejidatarios, los comentarios comenzaron a subir de tono conforme el tiempo transcurría, imposible ignorar a aquellas personas que, sin duda, se creen superiores a cualquiera y mucho más complicado era hacer caso omiso para quienes se encontraban debajo observándolos, los presentes se dieron cuenta, que con corbata o sombrero todos alegan de la misma manera.

El presidente continuó con sus comentarios indignantes acerca de los campesinos, ¿a caso pretende que con eso todos olvidemos que hace unos años el estaba del otro lado, que era él quien reclamaba por las atrocidades e injusticias que el gobierno cometía? pero que rápido se nos olvidan nuestros orígenes, nuestras raíces.

A esta acto indignante del señor Presidente de la asamblea, comenzaron los reclamos y los gritos de los de abajo, de todos los vecinos de San Juan de las Manzanas, quienes mientras elevaban las manos para tomar la palabra, hablaban sobre el cacique, la falta de agua, los bandidos, los abusos, pero sobre todo se de los sembradíos que antes eran de los campesinos y que ahora, con el nuevo gobierno, se habían convertido en propiedad del presidente municipal.

A estos reproches, los ingenieros escuchaban con atención:

— ¡No se vale, no es justo! – decía Don Prudencio
— Tiene razón señor, las tierras merecen ser de los trabajadores- replicaba el Ingeniero Argüello.

Con esta y otras falacias, los de arriba insinuaban que atenderían a todas sus peticiones, como si los campesinos creyeran una sóla de sus palabras.

Ellos ya no se tragaban las mismas mentiras que les decían años atrás ¿Qué sería diferente ahora? ¿Por qué creerles hoy? de haberlos atendido antes, no estarían ahora armando tremendo circo en tan prestigiado recinto.

Todos seguían embobecidos con sus actos de reclamo, cuando a lo lejos un tímido pero seguro personaje, levantó la mano y con serenidad aclaró su garganta como, dando tiempo a precisar lo que diría, mientras lo hacía, todos lo miraron con atención, todos menos los ingenieros, que desesperados, pedían de una manera muy petulante que empezará a hablar, pues lo estaban esperando.
Fue justo en ese momento cuando soltó todo lo que el presidente municipal había hecho, dejarlos sin agua, terminar con la siembra, matar a las personas que lo encaraban, y muchas situaciones más que no podían seguir impunes.

— La verdad es que ya estamos hartos de esto, ya sabemos que no van a hacer nada, así que estamos aquí, sólo para pedirles permiso. – se escuchó.

La incertidumbre coexistió con el silencio al momento terminar aquellas palabras.

La realidad era que aquellos campesinos, habían ido en representación de los habitantes de San Juan de las Manzanas, para pedir permiso de cobrarse justicia por mano propia, y ¿ por qué no hacerlo si el sistema judicial no hacía nada al respecto y en el gobierno se solapaban los unos a los otros?

Todos aquellos ilustres caballeros habían llegado a la conclusión que la única razón para terminar con las injusticias, era esa. Los ingenieros ante tan gran propuesta se sintieron intimidados, ¡El pueblo había despertado!

Inspirado en: La muerte tiene permiso de Edmundo Valadés o en la realidad, lo que mejor se acomode.

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